La Frustración: Un arma de doble filo

Brenda Gaona

PSICOTERAPEUTA GESTALT

Chan, chan, chan… Hablemos de esa emoción incómoda, temida y, muchas veces, incomprendida: la frustración.

¿Un mal necesario? Quizás. Tan inevitable como el tráfico en hora pico o el transporte público un lunes por la mañana. Lo cierto es que todos, en algún momento, hemos sentido su peso.

¿Por qué la odiamos tanto? Porque puede ser paralizante. Puede llevarnos a abandonar metas, sueños, relaciones, e incluso la fe en nosotros mismos. Sin embargo, también puede convertirse en una poderosa señal de alerta, un impulso hacia el cambio.

La frustración es una respuesta emocional completamente normal. Aparece cuando nuestros deseos o necesidades no se ven satisfechos. Pensemos en ejemplos cotidianos: imagina que llevas meses saliendo con alguien, invirtiendo tiempo, energía y emoción, y de repente esa persona actualiza su estado en Facebook a “Comprometido con…” (y no eres tú). O que, tras mucho esfuerzo en el trabajo, la vacante que esperabas —con mejor salario y más libertad profesional— se la dan al sobrino del jefe. Sí, en nuestro bello país, esas cosas todavía pasan.

Y ahí aparece: la frustración entra en escena. Una mezcla de enojo, tristeza y decepción. Se siente mal porque nos confronta con la incertidumbre y la inseguridad. En esos momentos surgen pensamientos como “no soy suficiente” o “nada de lo que hago vale la pena”.

Peor aún, si se acumula y no se gestiona, puede derivar en comportamientos problemáticos. La persona frustrada puede volverse irritable, agresiva o incluso violenta. Pero ¿y si, en lugar de reprimirla o dejarnos arrastrar por ella, aprendemos a escucharla?

En lo personal, creo que la frustración es una invitación al autoconocimiento. Nos obliga a revisar nuestras creencias, replantear nuestras metas y cultivar la tolerancia ante aquello que no podemos controlar. Porque no, no siempre tendremos el control. Y está bien.

Desarrollar tolerancia a la frustración no significa resignarse. Significa aprender a responder con inteligencia emocional, abrir nuevas rutas hacia nuestros objetivos y, si es necesario, buscar ayuda. A veces, una conversación con un profesional puede aportar claridad y aliviar la carga emocional.

Porque, al final del día, la frustración no viene a destruirnos, sino a recordarnos que, aunque el camino se desvíe, todavía podemos seguir caminando.

Contacto: bren0gaona@gmail.com

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