Amecameca, Méx. 8 de diciembre de 2025. La violencia contra la niñez es una de las problemáticas de mayor prevalencia y, paradójicamente, una de las menos denunciadas en México. Así lo advirtió Vivaldina Jaubert, presidenta de la Fundación Alas A.C., quien señaló un alarmante incremento en los casos de agresión a menores, impulsado principalmente por el «uso indebido de redes sociales y dispositivos móviles sin supervisión adulta».
En una reciente comparecencia, la titular de ALAS A.C. enfatizó que la problemática ha escalado hasta posicionar al país en una situación crítica a nivel global.
«Tenemos diferentes tipos de estadísticas, entre ellas las de violencia sexual, y fue parte de lo que yo vine a compartir: cómo México es número uno en abuso sexual infantil y distribución de material de abuso sexual infantil», declaró Jaubert.
La especialista detalló cómo las plataformas digitales y redes exponen a niñas, niños y jóvenes a este tipo de violencia, e hizo hincapié en la necesidad de distinguir entre las formas de abuso. «Muchas veces confundimos y pensamos que el abuso sexual infantil es una violación, pero el abuso se da a través de la seducción, la manipulación, con contacto físico o sin contacto físico», explicó.
Cifras negras y la convivencia con agresores
Las estadísticas presentadas por la fundación son contundentes y reflejan la gravedad del problema. «Las estadísticas nos dicen que seis de cada diez niñas están siendo agredidas, y cuatro de cada diez niños. Es altísima la estadística», afirmó Jaubert.
La presidenta de Alas A.C. lamentó que, a pesar de las cifras, millones de víctimas adultas continúan cayendo en ciclos de abuso y, lo más preocupante, «siguen conviviendo con sus agresores».
Esta realidad se ve agravada por la falta de denuncias. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que solo el 2% de los delitos son denunciados, una cifra que se correlaciona con los datos del Senado de la República, que sitúan las «cifras negras» de la no denuncia en el 99%.
«De 1,000 casos, se denuncian solo 100, y solo uno llega ante el juez. Es sorprendente este tipo de datos porque hay muchos adultos que siguen conviviendo con sus agresores y guardando silencio», destacó.Urgen capacitación a tutores y vigilancia digital
Ante el uso generalizado de dispositivos en la infancia, Jaubert enfatizó que esta práctica no debe ser normalizada sin las debidas precauciones. La especialista instó a los tutores a «capacitarse sobre los riesgos digitales» y a establecer límites claros.
Entre las recomendaciones de prevención, la presidenta de Alas A.C. sugirió:
- Evitar la privacidad: Las computadoras deben estar siempre en los espacios públicos de la casa.
- Limitar el tiempo y el espacio: «Nunca un niño debe dormir con su celular, con una computadora».
- Concientización: «Todo niño que está conectado por las redes sociales está conectado al mundo. No enseñamos a los niños a usar una estufa y deberíamos hacerlo igual que con las redes sociales».
El «Groomer»: Focos rojos de hipersexualización
Jaubert también se refirió a la figura del groomer, personas que buscan la vulnerabilidad del menor en línea. Señaló que la única secuela característica del abuso sexual es el lenguaje y comportamiento hipersexualizado del niño o niña.
«El niño todo el tiempo está hablando de sexo, relaciones sexuales… cuando los niños empiezan a verbalizar este tipo de lenguaje, cuando las exploraciones a la autoexploración en realidad no gimen, por ejemplo, gimiendo, haciendo posturas, todo esto son focos rojos para poder comprender que un niño está siendo hipersexualizado», explicó.
El objetivo del groomer es que el menor genere material de abuso sexual. La detección temprana es crucial: «Si el niño está con un lenguaje constante de sexualización, podemos detectarlo».
Para finalizar, la titular de Fundación Alas hizo un llamado a la sociedad para romper el silencio: «Es necesario que empecemos a hablar de esto, que deje de ser secretos de familia para entonces poder generar redes, resiliencia y una sociedad más sana». Afirmó que la sociedad debe conocer las diferentes formas de violencia (de género, sexual, psicológica, vicaria) y entender que «no es normal ni se debe normalizar».