Imagina que estás de pie en un lugar que no reconoces. Entras a un mercado y buscas algo para comer. Aunque ves varios puestos, tienes la sensación de querer algo caldoso, un pozole, una birria, pero nada te apetece. Volteas y ves un bar muy bonito; le tomas una fotografía y se la envías al chico con el que estás quedando. Luego sales del mercado y te encuentras frente a una unidad habitacional que nunca habías visto: casas grandes y lujosas. Decides tomar el lado opuesto y caminas por debajo de un puente. Ahí observas a un hombre de espaldas, con una máscara, guardando algo en la cajuela de un coche.
Cuando pasas al otro extremo de la calle, volteas hacia atrás y ves que viene caminando hacia ti. De pronto, sus pasos se aceleran y comienza a perseguirte. Sales de debajo del puente y el entorno cambia: ahora te encuentras en otra unidad habitacional, con forma de laberinto. Una puerta está abierta. Ves a una señora mayor y le pides permiso para entrar. Ella te esconde debajo de una mesa: es la mesa de la casa de tu abuela.
El hombre llega hasta la casa de la señora; ahora es robusto, muy grande. Corres por el interior de la casa y llegas a una habitación. Te escondes al lado de un ropero: es el ropero de tu abuelo. El hombre te encuentra. Sabes que quiere hacerte daño. Comienzas a insultarlo, sabes cómo lastimarlo con palabras, pero algo llama tu atención; volteas y sientes un golpe en la cabeza.
De repente ya no estás en tu cuerpo. Observas cómo la policía se lleva un cuerpo, pero no sabes si es el tuyo. Sientes miedo e impotencia. Y despiertas…
Este fragmento es parte de un sueño que tuve hace poco. Aunque combina muchas experiencias que yo estaba viviendo en ese momento, me resultó difícil comprenderlo. La interpretación de los sueños es una práctica muy antigua y el simbolismo de los elementos que aparecen en ellos varía según la cultura y la religión. Por ejemplo, en Mesopotamia y Egipto los sueños eran considerados mensajes de los dioses; en la Antigua Grecia podían ser proféticos o curativos. En la época moderna, solemos entender los sueños como expresiones del inconsciente y los interpretamos a nivel personal.
Desde la terapia Gestalt, el trabajo con los sueños toma un rumbo distinto. El Dr. Héctor Salama, terapeuta Gestalt, me ha enseñado que los sueños no solo se interpretan: se viven. Se traen al aquí y al ahora. En una sesión de terapia, todo lo que aparece en el sueño —personas, objetos, espacios, sensaciones e incluso aquello que parece insignificante— puede tomar voz. A través de este proceso, es posible observar cómo la persona se relaciona consigo misma y con el mundo.
Durante el trabajo terapéutico, el soñante puede expresar conflictos actuales, necesidades no atendidas y polaridades internas. No se trata de hablar del pasado, sino de reconocer cómo el pasado vive en el presente. En este enfoque, la persona asume que el sueño le pertenece por completo; no se proyecta en interpretaciones externas, sino que descubre su propio significado a partir de la experiencia.
Trabajar los sueños en terapia no es buscar respuestas mágicas ni símbolos universales, sino abrir un espacio de autoconocimiento profundo. Cada sueño es una puerta hacia aquello que pide ser mirado, sentido y reconocido. Tal vez la pregunta no sea qué significa tu sueño, sino: ¿qué parte de ti está intentando despertar?