TEATRO DE LA CIUDAD ESPERANZA IRIS CELEBRA 108 AÑOS DE HISTORIA

El Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, recinto insignia de la Secretaría de Cultura capitalina, no solo está construido con ladrillos, mármol y columnas; una parte importante de su edificación está hecha de recuerdos. Sus muros han visto desfilar generaciones enteras de artistas y espectadores; han presenciado aplausos interminables, danzas imposibles y canciones que continúan resonando mucho después de que cae el telón. Este 25 de mayo, el histórico recinto ubicado en la calle de Donceles celebró 108 años de existencia, consolidado como uno de los espacios escénicos más importantes de la Ciudad de México y de América Latina.

La historia comenzó en 1918, cuando la soprano y actriz Esperanza Iris decidió convertir una ambición personal en una realidad para la ciudad. Conocida como la “Reina de la Opereta”, imaginó un teatro capaz de dialogar con los grandes escenarios europeos y de albergar producciones a la altura de los principales recintos internacionales. En plena época revolucionaria, aquella idea tomó forma y abrió sus puertas para convertirse rápidamente en uno de los foros más relevantes del país.

Diseñado por los arquitectos Federico Mariscal e Ignacio Capetillo y Servín, el recinto nació con una personalidad propia: una arquitectura inspirada en la elegancia de los grandes teatros europeos, una acústica excepcional y una atmósfera que desde entonces ha convertido cada función en una experiencia cercana e íntima.

Durante más de un siglo, sus tablas han recibido voces y proyectos que han dejado una huella en la memoria colectiva. Por su escenario han transitado figuras como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat, Tania Libertad, Julieta Venegas y Regina Orozco. Además de propuestas internacionales que han encontrado en el teatro un espacio para el encuentro entre distintas culturas como Diego El Cigala, Etienne Charles, Andrew Bird, Interpol, Melanie Martínez, entre otras figuras destacadas.

Pero la historia del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris también ha estado marcada por la resistencia. El recinto atravesó incendios, cierres y largos periodos de restauración que amenazaron con apagar sus luces. Sin embargo, volvió a abrir sus puertas, recuperando no solo su arquitectura y su acústica, sino también el espíritu con el que fue concebido: ser un lugar donde las artes pudieran encontrarse con el público.

Hoy el coloso de Donceles permanece vivo. En sus escenarios conviven conciertos, danza, teatro, propuestas experimentales y espectáculos internacionales que continúan escribiendo nuevas páginas para una historia iniciada hace más de un siglo.

Como parte de la celebración el recinto compartió con su público una dinámica especial a través de redes sociales, donde fueron obsequiados 108 boletos para asistir a la función de “Titizé: Un sueño veneciano”, de la Compagnia Finzi Pasca, una manera de festejar no solo la permanencia de un edificio histórico, sino la relación construida durante generaciones entre el teatro y quienes han ocupado sus butacas.

Porque después de 108 años, el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris continúa haciendo lo que ha hecho desde el principio: levantar el telón para recordarnos que las historias todavía necesitan un lugar donde contarse.

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